
Cuando nos ponemos a pensar en los grandes arquitectos de la historia, nos encontramos con personajes, que a medida que pasa el tiempo se vuelven algo míticos, personas que supieron ver mas allá de lo que supieron tener a su alcance, o de lo que le brindaban sus antecesores. Hombres que supieron de algún modo percibir estímulos que el mundo les daba.
Pero ese misticismo que aumenta con el tiempo, es producto de la amplitud perceptiva, que enriqueció sus proyectos, sus carreras. el ser fiel a la visión que tenían, a su manera de ver el mundo, siempre les fue mas reconfortante, porque no se ataron a las modas del momento, por que no se convirtieron en dandys de la arquitectura, como bien dice Chesterton, “la educación nos capacita para conocer todas las mejores literaturas, todas las mejores artes, todas las mejores filosofías nacionales. La educación nos ordena conocerlas a todas, para que podamos prescindir de todas ellas”.
Las modas pasan. Los buenos arquitectos, sus ideas, la esencia de sus proyectos quedan, ya sea físicamente en sus obras o en los proyectos e ideas esbozados, pero quedan asentados -como en la literatura, la arquitectura,
Por eso, ningún arquitecto que tenga un concepto elevado de su función, que sienta su época en forma honda, que sienta la necesidad de expresar su espíritu, que quiera aprovechar al máximo sus recursos, podrá honradamente edificar, a pedido de un cliente, en un estilo dado.Podrá otro arquitecto hacerlo por viveza comercial, o por estar tan al margen de su época que no vislumbre sus problemas. Pero la ignorancia del ultimo y el interés del otro están reñidos con el arte.
“Una Carta de Amancio” , Amancio Williams
teoria de la arquitectura Arq. Gonzalez - 2007
Andrea Gagliano

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